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Cabeza de Dragón, un cuento de dragones y dragonas

en Relatos

Cuento de dragones. Soy Madre de Dragonas y os voy a contar mi historia. Pertenezco a un linaje de dragonas pero no siempre fue así….

Llevaba pocos días en el equipo pero la acogida fue tan estupenda que no desconfíe en ningún momento. Después de mucho insistir, era novata y la verdad no lo veía muy claro, me armé de valor para subir al dragón con un miedo atroz, escuchando los gritos de ánimo de las dragonas.

Había decidido iniciar una vida llena de deporte y buenos hábitos. Uno de ellos, era aquel equipo de mujeres fuertes que surcaban las aguas a lomos de un enorme dragón verde.

La entrenadora parecía una joven experimentada así que seguí sin desconfiar y con un salto desgarbado, entré en el dragón. El chaleco salvavidas me apretaba enormemente. Entre ese inconveniente y los nervios, me faltaba el aire pero no le di importancia. Si aquellas mujeres valientes podían, yo también.

Me sentaron entre risas en la proa, en una silla de espaldas a la cabeza del dragón y con un enorme tambor entre mis piernas.

El barco se balanceaba y mientras intentaba mantener el equilibrio sobre aquella mínima silla de madera, agarrada con todas mis fuerzas al tambor incrustado entre mis muslos, la entrenadora gritó: posición uno. Levante las baquetas con decisión al mismo tiempo que ellas levantaban las palas.

Silencio

Uno, dos, tres, cuatro…cada vez que las dos mujeres situadas enfrente de mi hincaban la punta de la pala en el agua, descargaba mi escasa fuerza sobre el tambor intentando marcar un ritmo que apenas podía seguir. Cinco, seis, siete… el barco zozobraba a cada palada y mi cuerpo, en vez de dejarse llevar, estaba cada vez más tenso.

Acompañaba el cuerpo hacia delante y hacia atrás mientras chillaba sin parar la entrenadora que llevaba el timón con fuerza, menos mal, haciendo magia para no caernos. Estaba realmente asustada porque el barco se movía mucho y al estar más alta que ninguna e inestable en la sillita de madera, parecía que me iba a caer en cada palada.

Todas sonreían y a mí me dio muy mala espina porque pese al mal tiempo, ponían buena cara. Más tarde supe que esa característica era propia del linaje de dragonas al que estaba iniciándome y que era una filosofía de vida fantástica.

Cuando todo parecía ir más o menos bien, el dragón permanecía recto, erguido, impasible sobre las aguas, empezaron a cantar como posesas: “las dragonas llegan ya todas juntas a palear….”. Lo hacían con una fuerza no humana y desafiándome con sus miradas.

De repente, el aire cambió y pese a estar en el puerto, las olas empezaron a desestabilizar la embarcación. La descoordinación entre las dragonas era tal que el barco saltaba balanceado haciendo que la proa, o sea la cabeza del dragón, el tambor y yo, chocara bruscamente contra unas aguas embravecidas.

Para ser la primera vez que subía a un dragón, la experiencia estaba siendo inolvidable y desde luego que escribiría un bonito cuento de dragones después de esto pero no, no pude escribí nada.

El cielo se ennegreció y pese a los intentos de la entrenadora, parecía que el dragón volaba por su cuenta. Las dragonas sin embargo, parecían felices y disfrutaban con cada embestida que me hacía saltar por los aires y volver a caer exhausta en la escasa sillita de madera.

Empezó la tormenta del siglo que en cuestión de segundos nos alejó de la dársena. Ellas, dragonas experimentadas, le querían quitar hierro al asunto pero yo, agarrada con todas mis fuerzas al tambor, sentí que el dragón nos abandonaba a nuestra suerte.

Palas al agua dragonas, oía chillar a la entrenadora. Qué cada una aguante su pala, no las perdáis si volcamos. Aquella afirmación me hizo cerrar con terror los ojos inundados ya de agua salada y como pude, me sujete al cuello del dragón fuertemente que bravo, subía y bajaba haciendo que mi cuerpo se golpeará al ritmo de las dragonas, contra el agua.

Ellas seguían riendo bajo la tormenta paleando incansables mientras se balanceaban a un lado y al otro como provocando el vuelco definitivo del dragón. Pensé que quizás lo estuvieran haciendo adrede y no estaba muy equivocada. Una gran ola se aproximaba rápida y yo me deje llevar. Volcamos.

Permanecí pegada a la cabeza del dragón que con el ímpetu, se vino conmigo bajo las aguas. Tan fuerte lo cogía que sentí por un momento que pasaba a formar parte de él. Cerré los ojos mientras oía cantar a las dragonas y ya no recuerdo más.

Despierto en el dragón, estoy incrustada en la proa, soy la cabeza misma del dragón y perpleja, no me creo que esto esté pasando. Un cuento de dragones de terror. Me destapan y se hacen fotos conmigo. No se si no se han dado cuenta pero creo que sí porque hablan de mí en presente entre risas como si estuviese entre ellas y no me echan de menos.

Ahora surco los mares con ellas y cuando competimos, sin que los jueces me vean, estiro todo lo que puedo mi cuello verde para que entren las primeras y celebren el triunfo de sus vidas. Se abrazan, me abrazan, lloran de alegría y se hacen fotos con la cabeza del dragón que no es otra cosa que yo misma.

Soy la Madre de Dragonas y pertenezco a un linaje de dragonas valientes que felices y cómplices cantan a grito pelado mientras palean: “…ya se asoma la cabeza del dragón, surcando los mares como un ciclón…”.

Epílogo: Aunque la ficción sea eso, ficción, este cuento de dragones, dragonas y mares es más verídico de lo que parece porque existe ese linaje de mujeres dragonas supervivientes de cáncer que afrontan la vida con decisión, orgullo, fortaleza y valentía y cuentan que por las noches se las oye cantar su canto de dragonas.

 

Redactora de contenidos desde que nací. De las primeras redacciones escolares a mis primeros concursos literarios. Una profesión, periodista y fotógrafa y redactora. Cuento la realidad y la ficción. Actualidad y Literatura. Imagen e historias de la vida misma. Entra y descubre mis propuestas. Prometo no aburrirte.

2 Comments

  1. Muy bonito. Y como siempre entretenido, una no puede dejar de leerlo no le aburre y éste en cuestión aunque dramático me peto de risa. Continúa así, amiga.

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